Aún me gusta preguntarle a la gente qué quiere ser de mayor, más de uno me contesta que quiere ser funcionario, dándoles igual la ocupación, sólo trabajar para el estado teniendo un puesto y un sueldo para toda la vida, cerquita de casa.
Una vez conseguido, ya está, ya tienes excusa para pegarte la vidorra y rascarte, con perdón, los huevos a dos manos. No te van a echar, ha sido difícil llegar hasta ahí mientras una persona dedicada a la construcción no ha hecho nada en toda su vida. Parece mentira, pero estos han sido los argumentos que me han afirmado muchas personas defendiendo la posición de los funcionarios, se lo merecen que es difícil aprobar unas oposiciones. ¿Esto se acaba aquí?
Cuando les dije a mis padres que quería hacer Bellas Artes, lo único que me preguntaron fue si de eso podía ser funcionaria de algo o dedicarme a la enseñanza, y es que se ha convertido en el sueño de cualquier español.
Nada de astronautas, veterinarios, bomberos o policías, lo que se quiere es, reitero y con más perdón, tocarte los huevos.
No me quejo de los funcionarios, no quiero generalizas, pero me quejo de la gente que se aprovecha de ello basándome en la experiencia propia. Estoy harta de los profesores que no asisten en semanas a clase por bajas sin sentido, o bajas de "pronto son vacaciones, me pongo enfermo", que no expliquen, o que lo único que se dedican a hacer es desmotivar al personal a insultos y malos modales.
Ya no odio sólo a estos profesionales, sino también a las enfermeras que no atienden porque están ocupadas fumando a escondidas en los lavabos de los hospitales, policías que se esperan a último día del mes a parar a todos los niñatos con motitos y pedirle hasta el más mínimo papel para conseguir las denuncias mínimas y llenar el cupo.
Paralelamente, mi padre y el gran resto del mundo mundial tiene que darlo todo e ir enfermo a trabajar porque se juega un puesto, no puede permitirse ninguna baja de depresión porque le echan del trabajo muertos de la risa y el descojone.
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